Por: Ana Laura Castillo, MBA.
La educación financiera como responsabilidad compartida
Costa Rica cuenta con la Estrategia Nacional de Educación Financiera, que agrupa instituciones públicas y privadas, cuyo objetivo es mejorar la salud financiera de la población. Muchos de las iniciativas y recursos para la educación financiera, se enfocan en niños, adolescentes, emprendedores; sin embargo, para cerrar la brecha existente en la población adulta se requiere que más acciones surjan desde la iniciativa individual, familiar y comunitaria. El dialogo intergeneracional dentro de las familias y las comunidades puede ser una gran herramienta para lograr una mayor difusión, combinación de habilidades, experiencia y sabiduría que impacte en un mayor bienestar financiero a la población.
El proceso de aprendizaje en adultos es algo diferente que en niños o adolescentes. En educación se llama andragogía a la ciencia y arte de facilitar el aprendizaje en adultos con metodologías adecuadas para ellos. Una de las ventajas es que los adultos tienen mayor conciencia de qué necesitan aprender para llevar el conocimiento a la práctica y resolver los problemas que enfrentan. Asimismo, uno de los grandes retos en esta población, es el desarrollo de competencias: nuevas habilidades y comportamientos que implica el cambio de hábitos. Se requiere tener la valentía de aceptar que lo que ha funcionado, mal o bien, hasta ese momento, se debe ajustar o dejar atrás para aprender nuevas herramientas y formas de resolver los problemas y los retos.
Educación financiera como derecho y como habilidad para la vida
La educación es un derecho y una necesidad en todas las etapas de la vida, así se expone en los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas (#4 y #8). El proceso del diseño instruccional (diseño del aprendizaje) en el ámbito educativo requiere tener una visión de lo que los estudiantes tienen que aprender para alcanzar un objetivo. Se puede tomar el ejemplo de los países de altos ingresos, en los cuales la población cuenta con mayor educación financiera, desde temprana edad. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE[1] define la educación financiera como “la combinación de conciencia financiera, conocimientos, habilidades, actitudes y comportamientos necesarios para tomar decisiones financieras acertadas y, en última instancia, alcanzar el bienestar financiero individual”. El programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), define la alfabetización financiera como “el conocimiento y la comprensión de los conceptos y riesgos financieros, así como las habilidades y actitudes para aplicar dicho conocimiento y comprensión con el fin de tomar decisiones efectivas en diversos contextos financieros, mejorar el bienestar financiero de las personas y la sociedad, y permitir la participación en la vida económica”.
El Marco de Competencias Financieras en la Unión Europea y OCDE
El Marco de Competencias Financieras para Adultos (UE/OCDE-INFE), es una buena referencia para la planificación y el diseño de cursos y actividades de aprendizaje-enseñanza en educación financiera. Este marco divide las competencias de acuerdo con su contenido técnico, iniciando con el conocimiento del dinero y las transacciones cotidianas, continuando con la gestión de las finanzas personales (presupuesto, ahorro y gastos), las inversiones, riesgos financieros, seguros, pensiones; finalizando con la educación en el marco jurídico del país para la protección del consumidor financiero. Uno de los aportes más valiosos de este marco de referencia es que identifica la necesidad de desarrollar las competencias en tres dimensiones de las habilidades, comportamientos y hábitos necesarios para mejorar el bienestar financiero, probablemente, el mayor reto para todos.
Más allá de la asesoría, la educación financiera es para la toda la vida.
Este último punto es clave, por lo general las personas buscan asesoría en una situación puntual, alguien que les indique qué hacer en un momento determinado, y seguir en su rutina. Sin embargo, este comportamiento no contribuye al aprendizaje para tomar decisiones informadas y oportunas en cada etapa de la vida. A los participantes en mi taller los insto a empoderarse de sus decisiones financieras, les propongo reflexionar en el proceso de toma de decisión, para que construyan ellos mismos una metodología que les facilite identificar los servicios e instrumentos financieros apropiados y alineados a su perfil como consumidor financiero e inversionista.
Una persona que recibe educación financiera, a cualquier edad, tendrá mayores herramientas para administrar sus finanzas, podrá discriminar entre fuentes de información y desarrollar habilidades para identificar los riesgos, sabrá hacer las preguntas correctas y buscar consejo con expertos en la materia. Es un proceso, un viaje que toma algo más de tiempo que la inmediatez en se vive hoy; se transita entre otras actitudes, con motivación, disciplina, perseverancia y resiliencia, porque aprender a tomar decisiones informadas, cambiar hábitos y comportamientos que impactan el bienestar financiero, será esencial en todas las etapas de la vida.
[1] “European Union/OECD (2022), Financial competence framework for adults in the European Union”

